Introducción

A la felicidad por el sucedáneo: Una introducción al Spaghetti Disco

El título de esta web le sonará a órdago a los más puristas, pero créannos si les confesamos que el propósito fundamental y exclusivo ha sido aprovechar cierta similitud fonética para bautizarlo de una manera concisa y, a la vez, cómplice. Ya que existe el canon literario, ¿por qué no jugar con esta especie de paronomasia post-moderna y crear el italo?.

Más allá de innumerables webs sobre la materia basadas en compilaciones acríticas, de actualizaciones puntuales y memorabilia superficial, creemos necesario cubrir un hueco que dé paso al análisis y a las correspondencias con sentido, normalmente desterradas en otros espacios. Una tarea definitivamente necesaria visto el cierto vacío que impera entre cronistas y seguidores a este respecto.

Ryan Paris - Dolce Vita

¿Qué es el Italo?. Circunscribirlo a un sólo estilo resulta ridículo, a la vez que en exceso reduccionista. Su sola idiosincrasia -esa que, por otra parte, se ha ido creando sobre la marcha para acotar ciertos sonidos de la ‘dance music’ nacidos en la década de los setenta, que se extiende por toda la década de los ochenta, muere en los primeros noventa y resucita a mediados de la primera década de los 2000- desborda casi cualquier estimación genérica. ¿Música hortera europea para la pista de baile?. Aquí trataremos de demostrar que, para empezar, fue más allá de barreras geográficas -Canadá, por ejemplo, fue para muchos centro neurálgico de la cosa italo-, que circuló con más presupuestos que los exclusivamente bailables y que, en definitiva, el abanico de influencias (llamémosles apropiaciones indebidas, préstamos, guiños o directamente saqueos indiscriminados) y aportaciones propias -que son muchas y que acabaron influyendo enormemente a posteriori- es tan amplio y provechoso que nos hemos visto casi en la obligación de (re)ordenar, limpiar y sacar brillo a una forma de entender el pop bailable aun hoy desgraciadamente desprestigiada e inmerecidamente excluida de los manuales críticos.

Ciao Fellini - Noche A Bahia

Como se ha comentado muchas veces, el término ‘Italo Disco’, utilizado en ‘petit comité’ en los primeros tiempos, no se terminó convirtiendo en la etiqueta más empleada y a menudo malinterpretada hasta bien pasada la pandemia que asoló los hogares de media Europa y parte del extranjero durante los ochenta -la década a la que nos ceñiremos aquí-. Al principio fueron otras denominaciones como ‘dance music italiana’, ‘Capuccino Disco’ o nuestra favorita, ‘Spaghetti Disco’, las que de una manera al principio algo confusa y poco firme, sirvieron para intentar denominar los sonidos que, principalmente, salieron de variopintos sellos, discotecas y programas de radio y televisión del norte de Italia y el sur de Alemania. Cantado no solamente en un riguroso inglés macarrónico –por intérpretes cuidadosamente bautizados con nombres anglosajones para dar la impresión de (falsa) procedencia foránea-, sino en diferentes lenguas romances, fue siempre una especie de objeto volador no indentificado y multiforme que generaba incomodidad entre los más obtusos cuando no rechazo o tendencia a la caricaturización más beligerante, fuera ésta más o menos justificada.

¿Y por qué preferimos realmente el Spaghetti Disco a cualquier otra marca citada? Porque el Spaghetti Disco –también conocido como ‘cheesy italo’- implica una encendida toma de postura hacia los arreglos más desdeñados o infravalorados, como los ritmos latinos, los ‘summer hits’, el romanticismo de postal y, en definitiva, hacia lo peor visto, lo más evidente, banal e inmediato dentro de esa corriente, en contraposición a ese italo digamos ‘puro’, más orientado al electro oscuro, mayormente instrumental, de desarrollos largos y/o deudor de la disco music americana. El Spaghetti Disco enarbola la cara más desenfadada, cursi y eminentemente pop del italo disco, produciendo al final un efecto placebo de consecuencias devastadoramente contagiosas e imprevistas (podemos dar fe de ello). Otra forma de salir, metafórica y artísticamente, del armario.

De Niro - Italian Boy

En constante proceso de revisión, reinterpretación y corrección, dividiremos en un principio esta web en artículos dedicados al Spaghetti y especiales temáticos donde hablaremos no solamente de algunas de las canciones más representativas del asunto, sino de otras no tan celebradas en su día y de aquellas rarezas que consideremos merezcan especial atención. Una guía panorámica sobre las diferentes maneras de acercarse al aspecto italo. Un modesto manual que pretende ser variado, abierto al debate y, por qué no, a la po(p)lémica -no faltarán ausencias sonadas que estimamos sobrevaloradas o arrasadas por el paso del tiempo-. Una visión personal que, sin embargo, aceptará de muy buena gana todas aquellas aportaciones, consejos y objeciones que vayan surgiendo durante su exposición. Nace con una voluntad viva, orientativa y en constante desarrollo, sin medias tintas y –parafraseando a un famoso comentarista transalpino- apegada a la exageración como máxima irrenunciable.

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Un pensamiento en “A la felicidad por el sucedáneo: Una introducción al Spaghetti Disco

  1. Panadero
    enero 1, 2013 at 11:28 pm
    Al fin nuestra pasión por lo mediterráneo se ve recompensada gracias a Edgar Ducasse. Molto grazie! Una sugerencia: propongo un estudio sobre la obra del compositor transalpino Claudio Simonetti, quien fuera líder de los Goblin, los músicos habituales del cine de Dario Argento. Demons!
    Reply
    Edgar Ducasse
    enero 2, 2013 at 8:45 pm
    Estimado G.: del señor Simonetti caerá alguna cosa suelta y sorprendente, pero para un estudio concienzudo quizá usted quiera animarse e ilustrarnos con la vida y milagros de tan ubicuo personaje. Abbracci!
    Reply
    Panadero
    enero 5, 2013 at 10:56 am
    Recojo el guante, apreciado Edgar. Y el día menos pensado me sentaré a escribir esa historia que ya tengo en mente. Claudio Simonetti y sus Goblin pondrán el spaghetti, y Dario Argento y Lamberto Bava, una grumosa y compacta salsa bolognesa. ¡La cena saldrá a pedir de boca!

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