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Entrega V: On Classic Mode (Primera Parte)

Más temprano que tarde llega la hora de sentar las bases. El verdadero ‘spaghetti classic sound’ en 13 lecciones magistrales. Estribillos pegajosos, electrónica al servicio de la más extrema cursilería, voces engoladas hasta la extenuación y comercialidad a destajo. Esto es lo que queremos decir cuando hablamos de ‘spaghetti disco’.

L.A. Messina – “Day dream” (1983)

Un must del sello Discomagic. Elio Messina, voz rasposa y como doliente, marca la pauta en lo que respecta al corte y confección italo: estrofas con un algo entre garboso y seductor –con introducción espacial- que desembocan en un estribillo pretendidamente rotundo y grandilocuente. No se le conocían más referencias, hasta que muy resuelto él, auspiciado por la ola del remember de principios de este siglo, se tiró al monte con otros dos maxis, en uno de los cuales volvió a incluir “Day Dream” para dejar claro que venía a colocarse entre los pioneros que sólo esperan (merecidos) parabienes.

Ryan Paris – “Dolce vita” (1983)

Los primeros compases más inconfundibles de todo el italo. Mr. Ryan Paris, tal fue el éxito de esta canción, se batió el cobre en el Top of The Pops con los mismísmos Culture Club y Spandau Ballet de turno. Escrita por el ínclito Gazebo, se trata de otro caso de vampirización publicitaria extrema: “Dolce Vita” sonó en todos los rincones habidos y por haber y es, por derecho propio, la canción del verano del 83. Tuvo más éxitos –que llegó a compaginar con una interesante labor actoral-, pero qué quieren que les diga: cualquier otra cosa palidece ante semejante obra de arte. Es una pieza inigualable con un estribillo que consigue la cuadratura del círculo por los siglos de los siglos.

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Happen DJ – “Don’t waste your time” (1984)

Muestra mayor del hedonismo cheesy, esta incomprensible canción de culto –mereció mucha más suerte, no cabe duda-, se inicia a ritmo de sintonía de programa de aerobic para ir incorporando coros de proto-electro lo fi. En medio de tan raquíticos arreglos, una de las señas de identidad del spaghetti: dejar al cantante solo con la voz bien alta para que todo el mundo se deleite con su increíble inglés que apenas puede llegar a disimular sus alarmantes deficiencias. La cuestión es pasárselo bien, qué demonios, pero sin pasarse: el tempo tiene un punto hasta inquietante para lo que, desde el título, se prometía.

Iván – “Fotonovela” (1984)

Otro de los incontestables. El mayor éxito italo de la península ibérica de todos los tiempos tuvo como estrella a este chico que se inició en esto de la farándula compitiendo ferozmente con otros ídolos teen de los últimos setenta y principios de los ochenta como Leif Garrett, Miguel Bosé o el inefable Pedro Marín. Hasta que, unos pocos años después, y casi por casualidad, se obra el milagro: el mítico Luis Gómez Escobar (ineludible autor de todo bicho viviente que tenga que ver con la canción melódica, los grupos infantiles o las divas venidas a menos) decide probar en esa cosa moderna y disco que tanto furor está haciendo en centroeuropa, dirigiendo como víctima propiciatoria a un despistado Iván, que llegará a convertirse en el embajador hispano del mullet por el extranjero.
“Fotonovela” destaca por el atípico uso en el género del acordeón sintetizado, algo que, desgraciadamente, no creó escuela, dándole un aire lejanamente portuario y evocador.
Iván tuvo al menos otro éxito a subrayar: “Baila”, pero su luz se fue apagando indefectiblemente hasta que, al parecer, decidió demostrar al mundo que lo suyo realmente era la canción de autor (“¿sabe usted?, me utilizaron”). Claro está que nunca más se supo, ni de esa nueva reconversión “seria” ni de nada relacionado con ese comeback que todos los buenos aficionados al italo llevan ni se sabe pidiendo a gritos.

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R. Bais – “Dial my number” (1985)

Hit mayor con esos teclados eufóricos –pura escuela ‘only one finger’- iniciando la marcha triunfal, contiene otro de esos eslóganes sencillos y directos para no olvidar jamás. Romano –que, curiosamente no es el autor de la canción pero sí el de otras muchas ajenas- fue otro de los que engolaba la voz hasta lo inconcebible para dar la falsa sensación de haber nacido en Los Angeles o Londres. Como decimos, escribió mucho sobre todo bajo el pseudónimo de Mongow (“Take me to the top”, “Sunlight”) demostrando que, en esto del ego, los chicos y chicas del italo no tenían reparo en intercambiarse potenciales éxitos y ceder protagonismo debajo de los focos.

Silver Pozzoli - Around My Dream (Front Cover)

Silver Pozzoli – “Around my dream” (1985)

El propio Romano Bais aparece como compositor adjunto en otro de los highlights por antonomasia. Silver Pozzoli pasó de ser un mero corista a copar las listas de éxito con esta melodía de factura pimpante que conoció una versión tan cercana en el tiempo –apenas unos meses- como exacta en su factura a cargo de los muy recomendables Kazino. Tanto que, si nos despistáramos un poco, llegaríamos a tener serios problemas para dilucidar quién fue el hostigador original de semejante obra maestra no exenta de formidable percha por parte de su principal artífice.

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