Agente Especial: Las Colaboraciones

Sabadell Sound (Primera Parte)

En El Canon también queremos rodearnos de grandes firmas con el propósito de analizar el asunto Italo desde otros ángulos y tener así una panorámica lo más rica posible en matices. Para ello abrimos la última sección del sitio, Agente Especial, contando con la colaboración de nuestro buen amigo J. Olloqui, que se ha decantado por, quizá, la escena vernácula por antonomasia, el Sabadell Sound, pródiga en trabajos manuales y productores mediáticos. He aquí la primera de las dos partes en las que se divide este artículo que nos ayudará a clarificar el grado de implicación italo en la mitad oriental de la piel de toro.

Olloqui es músico, dibujante, productor y personaje carismático donde los haya. También deejay ocasional (no en vano hizo cabina tras los efímeros Carbonara DJ´s en el mítico QK Pop Bar en una sesión Italo para la historia). A todas estas facetas hay que sumar ahora la más reciente: escritor. “¡Malditos Terrícolas!” (Ilarión, 2013) es su debut literario, donde mezcla ciencia ficción y costumbrismo casi a partes iguales, todo ello desde un punto de vista eminentemente jocoso, y le sitúa como uno de los novelistas revelación del año. Más info aquí: http://ow.ly/lw91Q

Nochevieja del año 1987. Sabrina Salerno, vocalista italiana de magras curvas, interpreta uno de sus éxitos en el especial de fin de año de TVE. En mitad de su actuación, acontece un hecho que, no por esperado, deja de conmocionar a los millones de espectadores que en esos instantes se dan cita ante el televisor: uno de los pechos con la que la naturaleza tuvo a bien adornar a la intérprete salta fuera de su ajustado corpiño blanco, deleitando al pueblo español con un pezón del tamaño de una galleta Fontaneda.

Seguro que cualquier ciudadano puede describir la escena sin ningún problema, porque pertenece ya al acervo cultural de nuestro pueblo. La teta de Sabrina como icono del imaginario popular español, al lado de Naranjito, Chiquito de la Calzada, o el litro y medio de agua aspirados por el ilustre ano de nuestro premio Nobel, don Camilo José Cela, por poner solo algunos ejemplos de relumbrón. Pero ahora yo pregunto, señores: ¿alguien sabría decirme qué canción interpretaba la cantante? La gran mayoría de personas admitirán que no tienen ni idea. Los más avezados dirán que cantaba “Boys”. Pues no, amigos míos. El tema en cuestión se trataba de “Hot girl”, uno de los éxitos del Italo Disco, injustamente eclipsado por la teta saltarina de su ejecutante. Y este “Hot Girl” sirvió para que millones de personas en España se enterasen de que existía una corriente musical que recorría Europa entera.

daydream

Ocurre que este acontecimiento sin parangón en la historia televisiva de nuestro país puede establecerse como la cúspide del sonido Italo en España, pero también como el anuncio del inevitable declive del estilo, en favor de otros sonidos. A partir de la nochevieja del año 87, el Italo Disco fue asociado, de forma irreversible, a Sabrina y sus domingas. Y esto fue lo que puso esta corriente en boca de todo el mundo, pero, irónicamente, también lo que la hirió de muerte.

Pero no adelantemos acontecimientos, porque antes de 1987 en nuestro país ocurrieron muchas cosas. Debemos retroceder unos años para conocer a los simpáticos protagonistas de nuestra historia: los pioneros del Sabadell Sound, precursores del Italo Disco en España.

ALGUNAS CONSIDERACIONES PREVIAS

Antes de comenzar, permítanme un par de apuntes. El primero es puramente semántico. ¿Por qué Sabadell Sound? Bien es cierto que he escuchado denominar a esta corriente con otros nombres más o menos afortunados, como Paella Disco -en contraposición al Spaguetti Disco-, Sitges Sound -etiqueta que también sería válida, ya que uno de los colectivos que con más entusiasmo abrazó el Italo en sus primeros días fueron los gays que se divertían en Sitges- o Sonido Barcelona– ya que la mayoría de sellos donde editaban estos artistas de Italo patrio operaban desde la ciudad condal-. Sin embargo, la denominación que ha sobrevivido a nuestros días ha sido la de Sabadell Sound. Y es lógico, ya que esta ciudad del Vallés occidental se convirtió en el bastión de los sonidos Italos facturados en España, a través de discotecas locales, como Albatros o Concor.

Concor

En otro orden de cosas, ¿qué diferencia el Sabadell Sound del resto de la ingente producción de Italo que se produjo en los primeros años ochenta? Los estudiosos del género -que también los hay- consideran que el Italo español se basa en sonidos orgánicos, a diferencia de la corriente italiana o la de los países bajos – donde se confiaba más en los secuenciadores, lo que le otorgaba a las producciones un sonido habitualmente más frío-, además de poseer un carácter más melódico en las partes vocales. Yo lo explicaré de una manera más gráfica: si un belga tiene que planificar un desarrollo urbanístico, suele visualizar una larga avenida en línea recta. Un español, sin embargo, planifica veinte glorietas en fila, una detrás de otra. Y eso fue lo que hicieron en España con el género: llenarlo de innecesarias glorietas. Lo curioso del Sabadell Sound es que fue una corriente bastarda de un género ya bastardo -el Italo Disco-, y si el Italo ya era hiperbólico y excesivo antes de pasar los Pirineos, cuando llegó a nuestras tierras lo devolvimos al mundo amplificado y barroquizado -si es que este palabro existiera, que creo que no-. Esta absurda y muy española tendencia a exagerarlo todo, se puede detectar en los arreglos ampulosos y las armonías vocales de los temas de los artistas del Sabadell Sound -infinitamente más horteras, por la vía del drama, que sus colegas italianos-, pero sobre todo en un fenómeno inherente al Italo español, y que puso patas arriba la Piel de Toro en esos días, y del que hablaremos a continuación: el Megamix.

LOS DISC JOCKEYS Y EL MEGAMIX

El Sabadell Sound no fue tanto un fenómeno de intérpretes –la gran mayoría, flor de un día, y hoy prácticamente olvidados-, como de productores y disc jockeys. Los primeros escribían las canciones y los arreglos –o contrataban a alguien de confianza para que lo hiciera- y controlaban la carrera del artista al más puro estilo de los grupos prefabricados que surgieron allá por los 60. En cuanto a los disc jockeys, su labor habitual –la difusión de la música de estos artistas- quedó ampliamente superada por la aparición del Megamix, una moda que barrió España y, posteriormente arrasó en todo el mundo. Gracias a estos artefactos sonoros, altamente efectivos, de consumo rápido y éxito masivo, los disc jockeys pasaron a convertirse en grandes estrellas, y hoy por hoy es sencillo que a alguien mayor de 35 años le suene más el nombre de Mike Platinas que el de David Lyme.
¿Qué demonios es eso del Megamix? preguntara algún lector despistado y, sin duda, insultantemente joven. En pocas palabras, un Megamix es un Mix –una mezcla de varias canciones encadenadas-, pero a lo bestia y concentrado, en el que los temas se suceden a toda velocidad –normalmente solo se utiliza el estribillo de la canción, y a veces ni eso-, y se mezclan sin descanso, aderezados con innecesarios efectos de sonido, scratches por doquier, y otras lindezas tan complicadas como barrocas: repeticiones, cortes, cambios de pitch, y un largo etcétera. En suma, un frenético tour de force, con una duración habitual que solía oscilar entre los 15 y los 20 minutos, y que debe parecer estar elaborado por un disc jockey que se hubiera metido todo el speed que circulase en aquel momento por la discoteca.

Pero hagamos un poco de historia: en el año 1983, Raúl Orellana –en aquel momento, disc jockey residente de la discoteca Barcelonesa Studio 54, y, en el futuro, productor de perlas patrias como la canción con la que Azúcar Moreno representaron a España en Eurovisión-, recibe el encargo de la discográfica Blanco y Negro –a la sazón, una de las primeras disqueras en apostar por los sonidos de baile en España, y más concretamente, la primera que se metió a fondo con el Italo Disco– de realizar un Mix, a imagen y semejanza de los discos de mezclas que se venían comercializando tanto en Europa como en Estados Unidos , con bastante éxito –por ejemplo el famoso The Adventures of Grandmaster Flash on the Wheels of Steel, mezclado por el músico de Hip Hop Grandmaster Flash-. Así, Raúl Orellana mezcló el disco Studio 54 Connection. Este LP no es especialmente relevante para el tema que nos ocupa, salvo por dos particularidades: es el primer Mix hecho en nuestro país y, por otra parte, contiene un tema del que podríamos considerar el primer grupo de Italo español: Jules Tropicana, con uno de sus escasos lanzamientos –solo sacaron tres maxis-, “Come On”. Por lo demás, el disco es una mezcla tradicional, sin grandes alardes técnicos, donde el disc jockey permite que suenen algunos de los temas más pinchados del momento, como “Last Night A DJ Save My Life”, de Indeep.

Por su parte, en el año 1984, Max Music –compañía fundada muy poco tiempo antes por Miguel Degá y Ricardo Campoy- convoca un concurso de disc jockeys, y lo acaba ganando un tipo conocido como Mike Platinas –Miquel Fabrellas en el DNI-. El premio consiste en la grabación de un Mix para la compañía, acompañado de un disc jockey de la casa, Javier Ussía –apunte absurdo: ambos lucían sendos bigotes bajo sus narices. Quizá esta coincidencia explique lo entrañable de su amistad y la longevidad de su relación profesional-. Así comienza la concepción del primer Max Mix. Platinas y Ussía deciden entonces darle la vuelta al concepto de Mix: a partir de ese momento las canciones dejan de ser importantes –de hecho, algunos temas no llegaban casi ni a sonar, quedándose en insinuaciones o muestras de unos pocos segundos-, y lo verdaderamente relevante es la creatividad en la mezcla, los efectos y trucos de estudio y las ingeniosas maneras de unir tema con tema. Así, en 1985, Max Music lanza este Max Mix, promocionado como “El primer Megamix español”, aunque se le podría haber quitado lo de “español”, ya que en realidad fue el primer producto de estas características a nivel mundial. Su interior contiene algunos de los éxitos bailables del momento- sobre todo High Energy y Eurodisco-, aunque el Italo está poco representado –hay un tema de Miko Mission, y poco más.

maxmix3

El disco se convierte en un éxito rápidamente, y Max Music decide no perder el tiempo. Así, solo 6 meses después del Max Mix, sale al mercado el Max Mix 2. Y ahí sí que comienza la locura. Para empezar, hay un claro cambio de concepto. Podemos decir que el Max Mix 2 es algo así como: “¿Quieres caldo? Toma dos tazas”. Supongo que Platinas y Ussía detectaron que los cortes y efectos gustaban al gran público, así que en este trabajo se les fue la olla de forma definitiva e irreversible, sentando las bases de lo que hoy conocemos como Megamix: una especie de montaña rusa de sonido, trepidante y extenuante, donde lo que menos importa son las canciones, y lo que más, los millones de chorradas con las que se dan paso, sin descanso, de un tema a otro. El mercado les da la razón, y el disco de marras despacha nada menos que 100.000 copias en 2 semanas. En cuanto al estilo, el Max Mix 2 abraza por fin sin rubor el Italo Disco, incluyendo algunos de los éxitos más intemporales del estilo: “Around My Dream” de Silver Pozzoli, “Disco Band” de Scotch, “Take Me To The Top” de Betty Miranda… Y por fin encontramos el primer gran clásico del sonido Sabadell: “Let´s Go To Sitges”, tema de sugerente contenido gay, interpretado por el astro por excelencia del Sabadell Sound: David Lyme. Por otra parte, este trabajo asentó definitivamente la estructura que seguirían todos los discos Mix, de forma indefectible a partir de aquel momento: En la cara A del disco, el Megamix en dos versiones, la versión estándar (larga, de unos 15 o 20 minutos), y la versión para la radio (un resumen de la anterior, unos 4 o 5 minutos). En la cara B, una versión Mix, es decir, una mezcla más larga y relajada, donde los temas suenan más tiempo y la labor del disc jockey consiste simplemente en dar paso a los diferentes temas, mezclándolos (vaya, lo que había sido el Mix de toda la vida). Posteriormente se introdujeron pequeñas variaciones, como la incorporación de un segundo disco, donde estaban los temas -completos y sin mezclar- que sonaban en el primer disco.

Es con el éxito del Max Mix 2 cuando estalla la fiebre del Megamix en toda España, y cuando se produce su inevitable asociación al sonido Sabadell, que durará un par de años más. Las discográficas de música bailable ven como Max Music se hace de oro con su invento, y deciden emular el asunto con mayor o menor fortuna. La que reacciona más rápidamente es Blanco y Negro, que en 1986 saca al mercado Bolero Mix, disco en el que el disc jockey estrella de la casa –Raúl Orellana- se acomoda a las maneras que tanto rédito le están dando a Max Music, y mezcla un Megamix muy picadito y lleno de detalles, entregado en cuerpo y alma al Italo. Sin perder el tiempo, este mismo disc jockey saca, en 1987, otros dos discos de Mix para Blanco y Negro: Bolero Mix 2, de sonido Italo, y Raúl Mix, donde el Italo convive con otros géneros, como el House, el Eurodisco o un embrionario Proto Acid House. Incluso el propio Orellana saca su vena artística y se atreve con la interpretación, incluyendo un par de temas de creación propia. Vale la pena destacar que en estos dos últimos discos vuelven a aparecer artistas locales, como Daydream –de los que hablaremos más adelante-, Mata Hari o Charly Danone. Otros Mixes que protagonizó Raúl Orellana fueron Holiday Mix (1986) –a mayor gloria del famoso tema de M.C. Miker G. y D.J. Sven -, o Dolce Vita Mix (1987) –centrado en el Italo más puro-. Después de eso, el disc jockey y productor hizo otro par de Mixes de diferentes sonidos y finalmente se embarcó en otras aventuras, como la producción de material propio o la remezcla de artistas ajenos al género -como las anteriormente mencionadas Azúcar Moreno.

¿Qué ocurría mientras en Max Music? Pues que en 1986 sus dos Mixers estrellas –Mike Platinas y Javier Ussía-, se habían fugado de la casa madre, para buscar nuevas propuestas. En concreto el dúo recaló en Key Records, para la que mezclaron Disc Jockey Mix –con Italo, Eurodisco, etc.- y en Don Disco, para la que hicieron Don Disco Mix, en la que ya encontramos un claro distanciamiento del Italo, en beneficio de otros sonidos más fríos, como el House o el Dance Alemán de Silent Circle. Afortunadamente para Max Music, la franquicia funcionaba a la perfección, independientemente de quién estuviera tras los platos, y Max Mix 3, mezclado por los dos nuevos fichajes de la casa, Tony Peret y José Mª Castells, aportó otra nueva paletada de pasta a la compañía. La fórmula permanece inalterable, aunque los dos nuevos disc jockeys aportan algunos trucos de cosecha propia, como la incorporación del sampler secuenciado o de las repeticiones panoramizadas. En esta nueva entrega podemos encontrar, además de otro tema del ya imprescindible David Lyme –el clásico “Bambina”-, un nuevo fichaje del Sabadell Sound: Alan Cook, que se estrena con un tema alegre y saltarín, “Do You want To Stay To Me”.

Los de Max Music, que eran más listos que el hambre, le debieron dar cien vueltas al siguiente asunto: ¿Cómo vender otra vez el mismo producto? Así surgió Max Mix 4, ¡Hazte tu Megamix!, la apuesta de Max para las navidades de 1986, y que pulverizó una vez más las listas de ventas. El invento consistía, además de en los dos consabidos discos –el primero con los Mixes, el segundo con los temas sueltos-, en una caja con los elementos imprescindibles para poder ser un Mixer como Dios manda, y conseguir fama, fortuna, chicas y drogas en un santiamén. Por descontado, la chavalada de la época acudió rauda a su tienda de discos para hacerse con una copia del artefacto. Pero grande fue su desilusión al descubrir que la caja contenía tan solo un par de platos de cartón –para que los vinilos se deslizaran con facilidad al hacer scratch– una especie de rollo de cinta aislante para pegar las cintas de bobina abierta y un librito donde te explicaban como hacer un Mix… siempre y cuando dispusieras de elementos al alcance de muy pocos, como una mesa de mezclas, un grabador de cinta de bobina abierta o un sampler. Finalmente, los jóvenes de 1986, que como mucho poseían un cassette doble pletina, abandonaron frustrados sus sueños de ser disc jockeys, y se entregaron a las drogas –lo que explicaría el alto número de muertes por sobredosis en aquel año-. Otra idea mala de verdad que tuvo Max Music fue obligar a los disc jockeys protagonistas del Mix… ¡a cantar! Toni Peret y José Mª Castell interpretaron para la ocasión una terrorífica versión del “Holiday Rap”, perpetrada en un inglés altamente macarrónico, a la altura del “Age Of Aquarius” de Raphael, o el “In The Getto” de El Príncipe Gitano. Por lo demás, acompañando este disparate, pocas novedades: si acaso, para el tema que nos ocupa, además de las ya recurrentes canciones nuevas de David Lyme –“Play Boy”- y Alan Cook –“Bad Dreams”, se incorpora un nuevo artista del Sabadell Sound, Tokio, con su tema “You can´t stop this game”.

H G Mix

Es oportuno indicar en este punto que a mediados de los 80 los disc jockeys del Sabadell Sound eran auténticas estrellas, y que por todas partes comenzaron a salir Mixes que, con mayor o menor fortuna intentaban emular el éxito de Platinas, Orellana, Peret y compañía. De hecho la mayor ambición para un disc jockey era hacer un Mix. Dos ejemplos de muestra: el irritante Fernandisco mezcló el Matrícula Mix para Matrícula Records en 1986, y Juan Manuel Ortega –que actualmente ameniza las retrasmisiones deportivas de la SER-, compartió cabina con dos cejijuntos italianos conocidos como Gino y Stephanelli para Don Disco Mix 2, en 1987.
De hecho el fenómeno Mix traspasó la música de baile, y no resultaba raro encontrar productos como el Hombres G Master Mix, de Jump records, en el que Mike Platinas y Javier Ussía crearon una terrible pesadilla conceptual con los temas de David Summers y compañía.

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La segunda parte aquí.

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Un pensamiento en “Sabadell Sound (Primera Parte)

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